La arquitectura colonial holandesa de Paramaribo bordea calles donde edificios de madera pintados en color mostaza y terracota se alzan contra el río Corantijn, mientras que vendedores callejeros venden roti y estofado de pepperpot de ollas humeantes. La ciudad pulsa con culturas criolla, india y javanesa, cuyos sabores y ritmos se superponen en mercados, templos y venues musicales que zumban hasta el amanecer.
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